sábado, 20 de febrero de 2016

El calor de diciembre

Sí, el calor y no el frío. 
La navidad, las calles llenas de gente ajetreada, de niños frente al escaparte, de sueños en el aire… Los deseos se vuelven tangibles cuando diciembre llega, y es que prometo que casi puedo tocarte cuando cierro los ojos, y puedo imaginar tu mirada sobre mi piel y tus besos al borde de mis labios.
No sé qué tendrán los pinos y las guirnaldas de colores, las luces o el color rojo y verde. No lo sé, pero prefiero no pensarlo, más que nada para no perderme divagando y olvidarte, apartarte de mis sueños, cuando eres tú y no la Navidad.
Sé que probablemente no te vea este invierno. Que las sábanas se te hayan pegado, o que los sueños te pesen demasiado. Me gustaría ayudarte, aunque sé que ya no soy parte de esa rutina tuya de sonreír porque sí, de mirar al mundo y pensar en lo que vale la pena. Sé que ya no estoy en el montón de cosas pendientes, ni en el de sueños por cumplir, ni siquiera en el de recuerdos bonitos.
Teñiste todo lo bueno que había habido de negro, y el rojo y el verde ya no se ven por ninguna parte, aunque yo me empeñe en creer en la Navidad. No es culpa tuya, ni lo es mía. Simplemente el tiempo nos venció, pero me gusta recordar cuando parábamos las manillas del reloj y nos reíamos de las prisas y de la gente ajetreada, de niños frente al escaparate, de sueños en el aire… porque nosotros ya lo teníamos todo y no necesitábamos la Navidad para vivir con ilusión.
Lo siento. No por ti, ni por mí, sino por la Navidad, por ya no ser como era desde entonces. 


miércoles, 26 de agosto de 2015

Ése.

El que se esconde en la esquina mientras bebe de su copa; el caprichoso, el estúpido.
El que nos mira y se ríe, el que siempre me tuvo suya y ahora no me deja ser sin él.
Noto como su risa se me clava en la nuca y su mirada baila entre nosotros, esperando el momento justo para separarnos.
Decían que era un mito, que él no podía con nada, que el amor cruza puentes, y ríos, y mares y acorta distancias…
Mentían.
Tus besos ahora no saben. Ya no los siento como antes, como cuando me jodían cada suspiro. Ahora quedan lejos, escondidos y vagando en una noche perdida en el mes de julio. Echo de menos sentirte a mi vera, notar tus dedos recorriendo cada poro de mi piel, y tus labios jugando sobre mis labios, volviéndome loca.
Los recuerdos siempre nos serán eternos, aunque se cubran de polvo y el tiempo juegue a esconderlos más allá del presente. Siempre sabré cómo besabas y cómo me hacías sentir. Tal vez no piense demasiado en tus ojos, o en tus manos, o en tu ceño siempre fruncido. Pero sé que cuando oiga tu nombre, ellos, los recuerdos, me llevarán a tu encuentro.
Y entonces, justo entonces, ése, el de la esquina, el caprichoso, el estúpido, el maldito destino, no podrá hacer nada. Porque esa noche mis labios fueron tuyos, y tus manos fueron mías, y aunque el tiempo quiera borrarnos, aunque el destino pinte kilómetros entre nosotros, esa noche seguirá siendo real, y tú seguirás siendo tú, y yo seguiré siendo yo.